En la Ciudad Universitaria, cerca del Palacio de la Moncloa, sobre los campos del complejo deportivo de Cantarranas se practica un combate lúdico y simbólico: el rugby. En torno al palacio cercano, se disponen elementos de fortificación preventiva: torres, cámaras, vallas. Como en un palimpsesto —un manuscrito con varias capas de texto borradas—, esta superficie llana se superpone a una topografía accidentada y oculta: la desaparecida Vaguada de Cantarranas. Bajo miles de metros cúbicos de tierra vertidos en torno a 1967, permanecen sumergidos un pequeño valle, un arroyo, árboles y viaductos. Allí, a varios metros por debajo de los jugadores y vigilantes del presente, se desarrollaron otros combates y se vigilaban otras fortalezas. ¿Qué forma tiene toda esta tierra que separa combate y combate, fortaleza y fortaleza, que engulle puentes y arroyos? En Vaciando Cantarranas esta tierra se retira, como quien saca un vaciado del molde. Desde esta óptica, el pasado no ha pasado, sino que es el molde que conforma el presente.